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MariCarmen


Lo primero de todo, mi más sincero respeto y condolencias por el trágico fallecimiento de Mari Carmen. Es una auténtica tragedia que, en una sociedad avanzada, una persona de 87 años tenga que pasar por un trance tan inhumano como un desahucio. Situaciones así desgarran a cualquiera y nos obligan a reflexionar profundamente sobre la fragilidad de nuestros mayores y de los colectivos más desprotegidos.

Dicho esto, y compartiendo el dolor y la indignación que genera ver cómo los más vulnerables acaban pagando las peores consecuencias, es ineludible señalar hacia dónde debemos mirar para encontrar responsabilidades institucionales.

Cuesta mucho entender que, tras ocho años de gobiernos de izquierda y de coaliciones progresistas que llegaron al poder prometiendo "derogar los desahucios", "blindar el derecho a la vivienda" y "no dejar a nadie atrás", la situación de las personas vulnerables no solo no haya mejorado, sino que se haya agravado notablemente. Durante todo este tiempo hemos asistido a discursos muy enfáticos y a promesas grandilocuentes, pero la realidad en la calle, en los tribunales y en las puertas de las casas sigue siendo desoladora.

Las leyes aprobadas hasta ahora han demostrado ser parches insuficientes o directamente ineficaces, mientras los precios de la vivienda se disparaban y las administraciones se pasaban la pelota unas a otras sin asumir una solución real. Gestionar lo público exige hechos y resultados tangibles, no solo lamentos o consignas cuando la tragedia ya es irreparable.

Si de verdad queremos que la muerte de Mari Carmen suponga un punto de inflexión, urge exigir a quienes gobiernan que dejen de mirar hacia otro lado y pasen de las palabras a los hechos, protegiendo de manera efectiva a los más débiles de nuestra sociedad.

D.E.P. Mari Carmen.

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Ante la indignación lógica que genera este caso, es necesario reflexionar sobre qué tipo de políticas son las que realmente pueden solucionar el drama de la vivienda y proteger a los más vulnerables, porque está claro que el camino seguido hasta ahora no funciona.

Durante los últimos ocho años de gobiernos de izquierda, hemos visto cómo se apostaba por la intervención masiva del mercado, el intervencionismo estatal, la limitación de precios y una maraña de leyes y decretos supuestamente "sociales". ¿El resultado? Todo lo contrario a lo prometido: la oferta de alquiler se ha hundido, los precios han batido récords históricos, la inseguridad jurídica para los propietarios se ha disparado y, al final, los más débiles y los pequeños propietarios quedan atrapados en un sistema colapsado y burocrático. La izquierda ha demostrado que sus recetas solo generan más escasez y más indefensión.

La verdadera solución pasa por un enfoque radicalmente distinto, basado en los principios que defiende la derecha:

Seguridad jurídica y confianza: Proteger firmemente la propiedad privada para que los inversores y particulares vuelvan a poner sus viviendas en el mercado de alquiler sin miedo a perderlas o a sufrir ocupaciones ilegales.

Incentivos en lugar de prohibiciones: Fomentar la colaboración público-privada, reducir los impuestos y la excesiva burocracia que asfixia la construcción, facilitando que se edifique mucho más suelo para aumentar la oferta y bajar los precios de forma natural.

Ayudas directas y eficaces: Desviar los recursos públicos hacia un verdadero escudo social que ayude económicamente a pagar el alquiler o proporcione realojo inmediato a los casos de vulnerabilidad extrema, en lugar de trasladar esa responsabilidad a los particulares.

Los problemas estructurales no se solucionan con eslóganes ideológicos ni con más intervención, sino con libertad económica, respeto a la ley y gestión eficiente. Solo así evitaremos que se repitan tragedias inaceptables como esta.


Algunos de la izquierda en vez de tanto hablar, podrían alquilar sus casas a precios reducidos para las personas necesitadas que las hay, o venderselas baratitas, pues "mucho pedir que hagan los demás y poco hacer yo". En algún caso incluso se hacen hotelitos en las viviendas para especular, sacar el mayor beneficio y reducir las viviendas libres disponibles para dichas personas necesitadas. Vamos, actuaciones de capitalismo puro. Hipocresía...


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Hay tantísimas personas como Mari Carmen que son desahuciadas cada día y eso deja mucho que decir sobre la situación de vivienda que hay en España. Si hace falta vivienda habrá que construirla, los decretos que se presentaron en el congreso solo aumenta la inseguridad del propietario y que cada día se retiren del mercado más viviendas por miedo e inseguridad.


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